La Campanilla

buena nueva

“Parecen caballos comunes, y actúan con toda naturalidad, pero me extrañaba que anduvieran siempre juntos. Por eso un día me acerque a ellos para observarles de cerca y me di cuenta que uno llevaba una campanita y el otro era ciego.

Como su dueño en ese momento estaba cerca de allí, me acerque y le pregunte por qué había colocado una campanita en el caballo más joven. El hombre me explicó que el caballo ciego, no podía valerse por sí mismo y no tenía muchas posibilidades de sobrevivir. De hecho, le habían aconsejado sacrificarlo, pero que de pronto se le ocurrió colocarle una campanita al caballo más joven con la esperanza de que el caballo ciego le seguiría a todas partes.

Y así fue, el caballo ciego se acostumbró al sonido de la campanita y seguía a su compañero. De esta manera los dos caballos empezaron a andar juntos, pastar, corretear y hacer una vida normal.

Si por alguna circunstancia el caballo ciego se alejaba y no sabía cómo regresar al establo por la noche, al oír el sonido de la campanita se acercaba y de esta manera regresaba a su lugar.

Así ambos pasaban los días, el caballo ciego pudo vivir y hacer una vida normal, sabiendo que la campanita le marcaba el rumbo y el punto exacto donde debería estar en todo momento”.

 Esta historia nos deja una muy buena lección, todos nosotros necesitamos escuchar una campanita que nos indique el rumbo. Tal vez nos preguntemos, para que la quiera  si yo puedo ver muy bien. Pero Muchas veces, por más que tenemos una buena vista, no distinguimos con claridad aquello que se nos acerca, y cuando ya nos rodea, es que nos damos cuenta que era algo que nos perjudicaba, que no nos hacía ningún bien, hay muchas cosas en la vida que no se pueden ver con la vista, necesitan verse con los ojos del corazón.

Por lo general, vivimos gran parte de nuestra existencia en la inconciencia y esto nos conlleva a conflictos innecesarios en diversos ámbitos de nuestra vida, en el terreno laboral, académico, social…. pero sobre todo en el emocional… ¿Cuantas veces nos despistamos y perdemos el rumbo?… ¿Cuantas veces nos confundimos porque solo estamos mirando con nuestros ojos naturales?…  ¿Cuantas veces nos alejamos de las cosas que son realmente importantes en la vida?… ¿Cuantas veces no sabemos qué camino tomar ante una encrucijada?

No podemos huir de nuestra conciencia, ya que ella funciona todo el tiempo, avisándonos a través de pensamientos, intuiciones o como queramos llamarles de que algo anda mal, que estamos  entrando en zona peligrosa, o que estamos caminando en una dirección equivocada, y aunque nos alejemos o tratemos de acallarla, ella seguirá sonando, hasta que no nos detengamos y la escuchemos.

El cuentito que a continuación leeremos, nos enseña lo importante que es aprender a escuchar nuestra conciencia, eso nos convertirá en personas de bien,  porque su misión es indicarnos el camino que nos lleve al bienestar de nuestras almas, a vivir en plenitud, en armonía y gratitud hacía la vida… “Hace mucho tiempo, miles de niños en el mundo no sabían distinguir qué estaba bien o mal. Eran capaces de pegar a su hermano pensando que aquello estaba bien hecho, o de estar arrepentidísimos por haber estado ayudando a mamá o haber recogido la habitación. Las hadas se pasaban todo el día explicando qué estaba bien o mal, y resultaba un trabajo tremendamente cansado y aburrido.

Chispa, una hadita divertida, pensó que alguna forma mejor tendría que haber de enseñar aquellas cosas, y se le ocurrió inventar una almohada parlanchina para Alicia, su niña favorita.Al acostarse, la almohada preguntaba a la niña:

– Dime, niña ¿qué cosas has hecho hoy?

Y según Alicia le contaba cosas malas, comenzaba a hacer ruiditos molestos, y le salían bultos redondos e incómodos, de forma que la niña apenas podía dormir. Pero si contaba cosas buenas, la almohada parlanchina ronroneaba, le daba las buenas noches, y terminaba tocando una dulce y suave música hasta el día siguiente.

En muy poco tiempo, Alicia aprendió cómo hacer que su almohada tocara música todos los días, y la hadita Chispa decidió utilizar la almohada con otra niñita que le daba mucho trabajo. Al principio, Alicia tuvo miedo de olvidar qué estaba bien, pero recordó las palabras que oía cada noche, y se dijo a sí misma.

“A ver, Alicia ¿qué has hecho hoy?”

Entonces, descubrió con agrado que ella misma sabía qué cosas había hecho bien o mal, y se dormía estupendamente cuando había sido buena. Y como con la almohada, le costaba dormir si había hecho algo mal, y sólo se quedaba tranquila cuando se prometía arreglar todas sus faltas al día siguiente”.

Para finalizar, tengamos siempre presente nuestra conciencia, estemos atentos a su repicar, esa señal cuando llega tiene un  propósito primordial: que nos detengamos por un momento y seamos  capaces de escuchar la voz de Dios que desea que todo nos salga bien, y que no nos metamos en problemas.

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