Hermanas Colina: 22 años como pregoneras de  Avance

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Licdo. Armando J. Ramírez)

“Quien no vive para servir, no sirve para vivir” frase celebre de algún personaje de la historia, que la traigo a colación, como anillo al dedo, para referirme al magnífico  servicio a la iglesia que desde hace veintidós años vienen prestando en la Parroquia Nuestra Señora de Coromoto, en Valera, las hermanas de sangre, morochas de nacimiento, Nelly Coromoto y Marleni Coromoto Colina, oriundas de Timotes estado Mérida y domiciliadas en Valera, desde hace años, hijas de la gratamente recordada, Teodora del Carmen Ollarves de Colina (+) y de Antonio Colina Gómez (+). “Las Morochas”, como se les conoce en la comunidad de Morón-San Isidro, donde viven, provienen de una familia muy numerosa conformada por sus padres y trece hermanos, ellos son, de mayor a menor: Francisco Antonio (+), Iria, Cristóbal (+), Nelly, Marleni, María Teresa (+), Carlina, Enrique, Xiomara, Gustavo, Cristina, Carmen y Marisol.

Es justo reseñar el extraordinario trabajo de evangelización que ellas  vienen realizando desde hace aproximadamente 22 años, en Morón, Valera, donde se les ve religiosamente, todos los fines de semana, sábados o domingos, en horas del día y a veces de noche, de casa en casa, llevando el mensaje de salvación y distribuyendo a los suscriptores el Semanario Católico Avance.

Las morochas, Nelly y Marleni son además catequistas, integrantes de la Renovación Carismática y socias activas de la Virgen de Coromoto; debo decir que el trabajo que en su tiempo libre “Las Morochas” hace, esta cónsono con lo que nos exige el Papa Francisco. Hace poco en su Catequesis Papal sobre el Sacramento del Bautismo, el Papa dijo: “A través del Bautismo cada uno de nosotros se convierte en un discípulo misionero llamado a llevar el Evangelio al mundo. Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la iglesia y al grado de instrucción de su fe, es un agente activo de evangelización. La nueva evangelización debe implicar un protagonismo de todos y cada uno de los bautizados. El Pueblo de Dios es un Pueblo discípulo, porque recibe la fe y misionero porque la transmite. Esto es lo que hace el Bautismo en nosotros: nos hace recibir la gracia y transmitir la fe. Todos en la Iglesia somos discípulos y lo somos siempre, por toda la vida y todos somos misioneros, cada uno en el lugar que Dios le ha asignado».