II domingo de Pascua – Ciclo “A” “Todos los que iban creyendo, abrigaban el mismo propósito…”

padre-julio

Pbro. Julio César León Valero.- Adentrados en la celebración del misterio pascual, la liturgia de la palabra de Dios, nos ubican en la reflexión de la vivencia experiencial del Anuncio del kerigma, de nuestra fe y la forma cómo vivían el acontecimiento del misterio pascual, la Iglesia primitiva. La primera lectura, tomada del texto de los Hechos de los Apóstoles 2, 42-47, nos presenta la imagen lucana, de las primeras comunidades cristianas, nacidas del misterio pascual, la cual se encontraba impregnada de la experiencia de fraternidad, del ideario presentado por la predicación de Jesús. Vivían unidos en torno al misterio de la eucaristía, la escucha de la palabra y la experiencia de la vida comunitaria.

Es palpable a simple vista, que esta imagen muestra una fuerte experiencia de fraternidad, basada en la unidad. Es evidente, que el texto nos hace referencia, no solo a una unidad temática, sino también literaria, de lengua, estilo, que nos permite reconocer en la redacción de este fragmento la presencia de un solo autor. Este autor, ha sido reconocido por la tradición de la Iglesia, como el evangelista Lucas y tenemos como testimonios, varios documentos del siglo II.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, se narran sucesos (“hechos”) de la primera comunidad cristiana, porque significan la presencia de Dios, del Espíritu de Jesús, en aquella comunidad. Se trata, pues, de unos relatos de gran valor, aunque en su mayoría, están destinados a presentar los hechos referentes a la persona de Pedro, en un primer lugar y en una segunda parte, los pormenores del testimonio de Pablo y su proeza misionera.

Al tratar de descubrir la intencionalidad del autor sagrado, nos encontramos que según la crítica bíblica, este texto que presenta el ideario de las primeras comunidades cristianas, parece que en realidad, es el modelo referencial de la Iglesia primitiva de Jerusalén: una comunidad de bienes, al estilo de las comunidades del desierto, específicamente de los esenios (Qumrán); en la cual, podemos apreciar que entre mezclan elementos nuevos, que configuran la comunidad de los creyentes, los cuales eran: la enseñanza de los Apóstoles y la Fracción del Pan, con elementos tradicionales pertenecientes al judaísmo, como lo son: el propósito común, erigirse entre los principales de Israel.

Es evidente, según el orden del texto, los representantes de esta comunidades, que eran elegidos de entre los verdaderos representantes del pueblo, eran bien visto por los miembros de la comunidad cristiana, ellos representan al nuevo pentecostés, al cual se iban agregando más miembros a las comunidades nacidas del misterio pascual.

Resulta relevante, remarcar según lo muestra el autor sagrado del libro de los hechos de los Apóstoles, que la acción de Señor Resucitado vivo en medio de la comunidad rebasa el ámbito del Israel de la promesa, este elemento importante y presente en la comunidad cristiana de Jerusalén nos muestra, que desde Israel el Señor ha llamado para a todos los seres humanos para vivir el misterio de la nueva pascua realizada en Cristo y este elemento convierte a la Iglesia en la comunidad de todos los elegidos.

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