¿«ORDENAR COMO SACERDOTES A LOS VIRI PROBATI, HOMBRES CASADOS, UNA POSIBILIDAD»?

Pbro. Dr. Romer Ortiz (Tribunaleclesiasticotrujillo@gmail.com).- Ocurre frecuentemente que cuando se produce alguna deserción de un sacerdote anunciando que se ha enamorado o que se va a casar surgen inmediatamente cuestionamientos generalizados contra la disciplina católica acerca del celibato sacerdotal. Se plantea otra vez: ¿por qué la Iglesia Católica pone esta exigencia que parece desmedida para los tiempos actuales, que parece contraria a la naturaleza y que puede fomentar ciertas patologías que se cubren con la disciplina oficial del celibato?

Suele decirse que el celibato es obligatorio como si la persona que elige ese camino fuera forzada en contra de sus intenciones o de la intención más profunda de su personalidad y no es así.

Es necesario recordar insistentemente que la disciplina del celibato está ligada obligatoriamente al ministerio sacerdotal por una decisión de la Iglesia latina pero que es perfectamente libre. La persona que se empeña en ese camino ha tenido años y años de preparación para reflexionar y cuando llega a comprometerse definitivamente, de por vida, ya tiene la suficiente madurez para hacerlo de modo consciente.

Hay personas que dicen: ¿por qué hoy la Iglesia Católica no ordena hombres casados? En este sentido, reflexionó el Papa Francisco, hace días, sobre los «viri probati», hombres casados que recibieron la ordenación como diáconos, presbíteros u obispos con el compromiso de llevar una vida de continencia total una vez recibidas las sagradas órdenes. «Son una posibilidad», sin embargo, deja claro que no está pensando en una ordenación sacerdotal convencional. «Debemos establecer cuáles tareas podrían asumir, por ejemplo, en comunidades aisladas», aclara. Y añade que «el celibato opcional no es la solución».

El celibato no se puede vivir plenamente y en perfección si no es en un plano que llamaría místico, es decir de unión íntima con Jesucristo porque el celibato supone el amor a Él por encima de otros amores y eso hay que mantenerlo con disciplina ascética personal, con mucha oración, con frecuencia sacramental y con una intimidad continua con Jesucristo.

¿Por qué la Iglesia latina persiste en este camino? ¿Por qué une el ministerio sacerdotal al don del celibato? Mis amigos esto es así porque, la Iglesia, considera que aquí hay un tesoro preciosísimo del cual no se debe renunciar.

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