LA GRANDEZA EN HUMILDAD, TE APROXIMA A LO SUBLIME

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Pbro. Argenis Avendaño.- “Solo sé que no sé nada y, al saber que no sé nada, algo sé, porque sé que no sé nada”; es la oración completa de alguien de la talla intelectual de Sócrates, quien a pesar de ello, reconoció con humildad su ignorancia. ¿Por qué no hacerlo nosotros? El aprendizaje, crecimiento, progreso, mejora, desarrollo, complemento, pulirse y maduración, se fundamentan y se ejecutan desde y con humildad. Contrario a esto, está la excesiva altanería o prepotencia, engreimiento o vanidad.

Tener claro que no sabes, es humildad; pero, imaginar que conoces lo que no has visto, es enfermedad, por ello, evita el sesgo cognitivo donde con pura destreza pretendas dominar el mundo, es decir, no pongas en entredicho la preparación de otro, si la tuya es precaria; ten claras tus competencias y habilidades y, evita a toda costa la superioridad ficticia.

Para contrarrestar este efecto, necesitas el confiar en ti mismo, eso evitará el que te defiendas, auto protejas y aparentes, por ende, no subestimarás tu propia destreza, reconocerás la habilidad de otros y tendrás clara tú insuficiencia. Puede que no seas experto en algo, pero procura ser capaz de hacer lo que decidas a un nivel excelente, pero, no olvides acompañar esto, con compasión y generosidad. En tu vida, evita la autopromoción, el autobombo; opta por la modestia y llegarás a la cima.

¡Permanece con los pies en la tierra y sé capaz de valorar tus habilidades y debilidades de forma correcta, sin subestimarlas o sobreestimarlas…

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