“ESOS BEBÉS QUE NO TIENEN VOZ”

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“El aborto y el Proyecto Esperanza”

Pbro. Walkelys Araujo.-La Virgen María llorará a cántaros –imagino- por cada niño no nacido y por las mujeres que un momento de olvido, no se reconocen más como hijas de Dios. El aborto no es un acto que se acaba en el momento mismo de la desaparición física del feto, en la mujer que aborta, este se  transforma, pica y se extiende en un peso creciente, en ansia, depresión, desesperación, insomnio, irritabilidad… por no decir que te puede llevar al alcoholismo, a la drogadicción, a la promiscuidad, al  “no me importa nada”. El aborto se viste de remordimiento,  de sentimiento de culpa, de trastornos en los hábitos alimenticios, en desajustes en la relación con la familia y hasta en intentos de suicidio. Hermanos, sepan que además de que mueren muchos niños inocentes, las consecuencias para quienes sufren o se practican un aborto, son gravísimas.

Aquí oímos y vemos, rezamos y acogemos a tantas mujeres de todas las edades que vienen a contarnos de sus experiencias que no siempre son una, a veces son dos y tres y hasta cuatro; al parecer cuando se practica el primer aborto los demás no cuentan tanto; la cuenta se paga después cuando la conciencia reclama calma, reclama paz, reclama a Dios. Y menos mal que Dios no falla y viene al encuentro y al abrazo. Sientan estas líneas no como dedo acusador sino como un llamado a la conciencia para quienes piensan practicarse un aborto y para quienes ayudan a que esto se dé.  Gracias a  la hermana de quien tomamos estratos de su testimonio, están entre comillas, léanlo y oremos por ella y por todas las que como ella, lloran por esos hijos que no tiene voz.

“… usé unas pastillas, comencé a sangrar…tenía fiebre muy alta  … tenía todos los restos de mi bebé en el útero, no lo había expulsado, el médico me dijo que podía haber muerto…desde ese momento cambió mi vida, no le encontraba más sentido, mi alma se volvía pedazos, sentía que no tenía perdón de Dios, que merecía que nadie me amara, imaginaba lo que mis bebés sufrieron al morir, pensaba que tenía que morir también yo…dormía poco, me aislé de las personas, caí en el alcohol, detestaba a mi pareja, me quedé sin sentimientos, no creía en nadie, no volví a entrar en una iglesia, viví un infierno, un calvario, lloraba todas las noches … un día una amiga me regaló una imagen de la Divina Misericordia … “

Afortunadamente el Señor se sirve de tantos modos para venir a nuestro encuentro. En el caso que nos compete, uno de esos modos es el Proyecto Esperanza que funciona en nuestra parroquia y que es  un proyecto de misericordia, de acogida, de amor, de ayuda para mitigar un duelo tan terrible; para hacerles encontrar al Padre. Sus metas precisas son:  enseñar y determinar cuáles son los conectores del aborto , abandonar el dolor emocional reprimido, restaurar las relaciones rotas con Dios, consigo mismo y con los demás,  establecer una relación con el niño abortado y aprender las herramientas de auto ayuda.

El Proyecto ESPERANZA se experimentó por primera vez  en Chile y fue a través del Padre Antonio Velásquez, de la Conferencia Episcopal Venezolana que nos preparamos para acudir los casos del síndrome post aborto. Fue una necesidad que tuvimos después de haber atendido tantas personas que venían a contarnos sus tragedias. El aborto es una realidad latente y muy alarmante en nuestra ciudad. Al ver tantos casos nos pareciera que ni la ley, ni los escrúpulos, ni el catecismo hacen nada por detenerlo.

“… arrodillada frente al cuadro de la Misericordia le supliqué que me perdonara y fue sí como volví a entrar en la casa de Dios, hablé con el sacerdote y este me dijo: Dios te ha perdonado… me habló del proyecto Esperanza, a partir de ahí empecé a sentir su misericordia, Dios nos da siempre la oportunidad de cambiar el rumbo de nuestras vidas si lo permitimos … Me refugié en la oración, en los sacramentos, necesitaba mucha fortaleza para seguir el proyecto, para recordar, para hablar sin miedo a ser juzgada … para encontrarme con mis hijos. He sufrido tanto por estas pérdidas… aconsejo e invito a otras mujeres que ha abortado a buscar el sacramento de la reconciliación, a hacer el proyecto esperanza, con éste he descubierto el inmenso amor que Dios me tiene;  sé que mis hijos están con Él y María Santísima, en sus brazos está mi fuerza para seguir adelante… para luchar y defender la vida humana por esos bebés que no tienen voz…”

¡HACIA LA GRAN FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA. DOMINGO 23 DE ABRIL, DE 1 A 5 DE LA TARDE, EN LA PLAZA BOLÍVAR, FRENTE A LA IGLESIA SAN JUAN BAUTISTA DE VALERA..!

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