El Señor es mi fuerte protector

padre-julio

Pbro. Julio César León Valero.– Continuando con nuestro recorrido en el itinerario cuaresmal que hemos emprendido en esta cuaresma, la liturgia de la palabra para este tercer domingo como texto para la reflexión Ex. 17,3-7. En esta oportunidad nos ubica en la travesía por el desierto del pueblo de Israel. Para el pueblo recién liberado y emprendiendo el camino por el desierto literalmente y no espiritualmente, les es difícil entender el designio de Dios sobre ellos.

El recorrido por parte del pueblo de Israel por el desierto está acompañado de cierto escepticismo y muchas dudas suscitadas por la inseguridad que les deja abandonarse a la promesa de Dios que les guía mediante la aridez de sus vidas a la tierra que mana leche y miel, el destino de la promesa. En la sequía y la vaciedad que representa la travesía del desierto resulta incomprensible adaptarnos a la nueva situación de libertad propiciada por la salida de Egipto que a pesar de estar sometidos al yugo opresor gozaban de ciertas seguridades. Por ello no se hizo esperar la inconformidad por parte de algunos los miembros del pueblo de Israel, los cuales se quejan, anhelando agua proporcionada en su situación anterior de esclavitud.

Ante esta realidad Moisés en nombre del pueblo clama a Dios por las dudas e inseguridades del Pueblo. Se puede evidenciar dudas en medio de la comunidad al momento de haber emprendido el camino dispuesto por Dios para darnos la libertad en plenitud. Quizás la falta de fe le llevó a los israelitas a manifestar su inconformidad y a comparar su pasado con la austeridad y el sacrificio que implica emprender el camino de libertad a Dios pasando por medio del Desierto.

Dios toma ante la situación la iniciativa de mostrar mediante los signos de su amor nuevamente que los guía hacia la tierra de libertad y que es necesario comprender lo difícil que resulta avanzar hacia una transformación liberadora a partir de circunstancias adversas que puedan ocurrir en la cotidianidad.

Por eso Dios pide a Moisés tomar la determinación en su nombre de colocarse a la cabeza del pueblo y teniendo a los ancianos por testigos para manifestar su gloria en medio del pueblo que ha decidido liberar no solo del yugo opresor físico, sino también de las cadenas espirituales a las cuales se encuentran sometidos.

Ahora hará brotar un manantial no solo del desierto, sino de la roca de donde no es posible hacer salir un manantial de agua. La roca es evidente que representa la seguridad y hacer brotar agua que da vida y sostiene al pueblo, ello tiene un significado de purificación y a la vez de regeneración, de nueva vida.

Es necesario tener presente que Dios quiere que todo los seres humanos a pesar de los momento difíciles que podamos tener podamos abrirnos a la renovación constante. El tiempo de cuaresma es una oportunidad propicia para volver nuestra mirada al Señor, a pesar lo difícil de las situaciones que nos toca asumir y el arduo camino por el desierto que hemos emprendido, es importante tener la firme esperanza de que Dios no nos abandona, que Él camina a nuestro lado y nos envía guías para llevarnos a celebrar dignamente nuestra pascua de salvación

 

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