La Cuaresma Un don de la palabra de Dios

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Pbro. Lcdo. Leonardo Cardoza (leonardocardoza@gmail.com).-La cuaresma, es uno de los tiempos más preciosos del Año Litúrgico; es un tiempo sobrio, muy silencioso e impregnado de penitencia, propicio para el encuentro con Dios. Durante la cuaresma, nos asociamos al camino de la cruz de Jesucristo. Es así, un tiempo de interiorización de los misterios de la fe, conversión de corazón y vida honesta, para alcanzar la santidad sirviendo en la caridad a los hermanos.

El Papa Francisco, en su mensaje para la cuaresma 2017, nos da a entender que este tiempo es un don de la palabra de Dios (Mt 4, 1-11), un nuevo comienzo en la vida del cristiano, como camino que ha de llevarnos a un destino seguro: la victoria de Cristo, sobre la muerte en la Pascua de Resurrección.

La duración de este lapso litúrgico es de 40 días, comenzando el Miércoles de Ceniza y terminando en la tarde del Jueves Santo, antes de la celebración de la Misa de la Cena del Señor. El número cuarenta, hace alusión a los 40 días de Jesús en el desierto, los cuarenta días de penitencia de los ninivitas, los cuarenta años de peregrinación del pueblo de Israel por el desierto, los cuatrocientos treinta años de esclavitud de los israelitas en Egipto, los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña y los cuarenta días del diluvio con Noé.

De manera que la Iglesia, nos invita a experimentar la cuaresma, como un don que nos hace vivir la historia de la salvación, escuchando a Dios, orando, compartiendo con el más necesitado y haciendo obras de caridad de forma penitencial; por esta razón, el color litúrgico de la cuaresma, es el morado, que significa penitencia, verdadera conversión espiritual.

Hay tres elementos que son esenciales para fortalecer el espíritu, durante estos días de penitencia: la limosna, la oración y el ayuno.

Limosna: No consiste sólo en dar dinero en las calles a los pobres, o al templo en sus necesidades, para que los demás vean lo que hacemos y digan que somos buenos; tampoco es sólo dar dinero; limosna es, compartir con el otro de los bienes que Dios, con generosidad, nos ha dado.

Oración: Es el encuentro con Dios, en el silencio de la habitación de nuestra vida. La oración debe convertirse en caridad; es decir, que debe hacerse por todos, para todos y en todo; por las necesidades de nuestros hermanos, de los pobres y del mundo entero.

Ayuno: es una acción penitencial, porque hemos pecado. Con ello, ofrecemos un sacrificio a Dios, haciendo sólo una comida fuerte al día y compadeciéndonos de los hambrientos en el mundo.

 

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