Cuando resuciten ¿de quién sera esposa la mujer?

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DOMINGO 32° – ORDINARIO CICLO “C” – ( Lc 20, 27-38)

Hermanos, nosotros, los cristianos católicos, contrario a otras religiones y sectas, que tienen sus cultos el día sábado, se nos exige reunirnos cada domingo, para celebrar con la Eucaristía, el “Día de la Resurrección del Señor”. Un hecho que constituye la garantía de nuestra propia resurrección: “Aquél que resucitó al Señor Jesús, nos resucitará también a nosotros con él” (2Cor 4, 14)

SECTARIOS DEL TIEMPO DE JESÚS

Jesús, en su época terrena, era amado y reconocido como un maestro de gran sabiduría; sin embargo, aunque tenía muchos amigos y seguidores, también existían grupos o sectas contrarias a su doctrina. Además de los fariseos, existía la secta de los saduceos, que aceptaban la Torá -el libro de enseñanza y leyes de los judíos-, pero negaban la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo. Algunos de esos sectarios, como ocurre en nuestro tiempo, buscando alguna equivocación de Jesús, para después desacreditarlo ante los que los que lo seguían y proclamaban como Mesías y Salvador, vivían a su acecho y hasta le planteaban casos complicados o muy difíciles de suceder.

LA VIUDA Y LOS SIETE MARIDOS

El Evangelio de hoy, nos narra el asunto de “unos saduceos”, que se acercaron al Señor para plantearle el supuesto caso de una viuda, que habiéndose casado con siete hermanos, no había podido tener hijos con ninguno de ellos. Todo termina con esta pregunta: “Cuándo resuciten, ¿de quién, será esposa la mujer?, porque los siete fueron maridos suyos” (Lc 20, 28-33). Ciertamente, se referían a la ley del “levirato”: una institución de la ley mosaica, que obligaba al hermano del que moría, sin haber dejado descendencia, casarse con la viuda. El primer hijo que resultara del nuevo matrimonio, se consideraba como del primer difunto. Recibía su nombre y la parte de la herencia correspondiente.  Así, además de perpetuarse la descendencia, quedaba garantizaba la estabilidad de los bienes familiares (Dt 25, 5s; Gen 38, 8).

ESTADO DE VIDA EN PLENITUD

A Jesús, antes de incomodarle la pregunta, se aprovechó de ella, para ilustrar y deshacer algunos conceptos errados que muchas personas de su época tenían. Les enseñó que el matrimonio, es una realidad natural, temporal y necesaria para la prolongación de la especie, por eso “toman marido y mujer”; pero, todos los que sean dignos de la vida futura y de  la resurrección de entre  los  muertos  “serán  como ángeles” (Lc 20, 34-36). Ya no existirá la necesidad, de una serie de cosas inherentes al ser humano mientras vive aquí en la tierra, porque “la resurrección no es una simple prolongación de esta vida con sus necesidades y deficiencias, sino un estado de vida en plenitud” (L. A. Schӧkel).

NECESIDAD DE  OJOS MÁS LIMPIOS       

Ahora, como aquella curiosidad sobre los resucitados, sigue atrayendo a muchas personas de nuestro tiempo, es necesario anotar que nuestra fe cristiana en la resurrección, tiene su fundamento en la resurrección histórica de Cristo de entre los muertos (Mt 28, 6; Mc 16, 7; Lc 24, 7). Una promesa del Antiguo Testamento, que se cumplió y que es marcada por otros textos del Nuevo Testamento, como vividas por sus primeros discípulos (1Co 15, 3-4; Lc 24, 26-27. 34.44-48; Lc 24, 34; Hch 1, 22; 1Pe 3, 15). El mismo Señor, cuando advirtió a sus discípulos sobre las exigencias que implicaban seguir su mismo camino, había anunciado que resucitaría al tercer día (Mc 8, 3-9).

También, esta interrogante: ¿Por qué sería que en un principio, cuando el Señor en los días pascuales, se le aparecía a los que habían vivido y convivido con él durante cierto tiempo, ellos no podían reconocerlo? Merece dos respuestas que pueden iluminar algunas dudas: 1.- Porque el Señor lucía glorificado y, 2.- porque aquellas personas, como muchos de nosotros, necesitaban de unos ojos más limpios (Mt 28, 17). De los ojos de la verdadera fe. De la fe que permita descubrirlo y seguirlo en el servicio con una entrega decidida (Jn 20, 29-34).

¿CÓMO RESUCITARÁN LOS MUERTOS?

También, para satisfacer otras curiosidades, hay que saber que la vida, de los que creen y viven de acuerdo a las enseñanzas de Jesús, será semejante a la del Maestro, aunque no del todo. Vamos a resucitar con un mismo cuerpo, pero a la vez, distinto; pues no será una continuación de la vida actual y sus necesidades, sino una vida en Dios y para Dios. “Serán como ángeles” (Mc 12, 25) Una esperanza, que San Pablo expresa de la manera siguiente: “Si por un hombre vino la muerte, por un hombre viene la resurrección de los muertos. Si por Adán murieron todos, por Cristo, todos volverán a la vida” (1Cor 15, 20-22). Finalmente, al respecto, San Pedro nos pide lo siguiente: “Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón la esperanza que ustedes tienen” (1Pe 3, 15).

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