LA LEGIÓN Y LAS OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES

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Hace varios meses, como preparación para el extraordinario Año Jubilar de la Misericordia, hemos reflexionado varias veces sobre el papel de la misericordia en la historia y en la espiritualidad de la Legión. Ahora que estamos al final de este año lleno de gracias quiero volver a este gran tema, ya que es prácticamente imposible tener una auténtica imagen de Dios o una comprensión del futuro del apostolado sin una apreciación del verdadero significado de la misericordia. La misericordia es el más profundo nombre de Dios en relación con la humanidad herida y pecadora y todo apostolado nos permite realmente ser instrumentos de la misericordia de Dios del uno para el otro.

Una de las grandes bendiciones del Año de la Misericordia hasta el momento ha sido la producción de tantos libros, folletos y artículos sobre todos los aspectos de la Divina Misericordia. Los escritos de Francisco, en particular, son verdaderamente inspiradores, útiles y accesibles y recomiendo encarecidamente sumergirnos en ellos. Pero hoy quiero meditar en las obras de misericordia espirituales como se destaca en el Manual.

En primer lugar sabemos que el amor al prójimo incluye la búsqueda de satisfacer sus necesidades corporales y espirituales. En otras palabras, el cristiano está comprometido con el cuidado de la persona entera, cuerpo y alma. No es una cuestión de uno o del otro, sino de ambos a la medida de nuestras posibilidades y oportunidades. Pero las necesidades del alma son sumamente importantes como las conocemos en las palabras de Nuestro Señor cuando dice: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8, 36). La salvación de las almas es el propósito claro y definitivo de la vida de Jesús. Dice varias veces de una manera más enfática: “He venido a llamar a los pecadores”. Ese es también el objetivo que define a la Legión. La salvación de las almas, es la obra más sublime de la misericordia.

Normalmente a la hora de explicar las obras corporales de la misericordia, teólogos se refieren a la base bíblica en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo en el que describe lo que será el juicio final. Se resume en las palabras desafiantes: “Todo lo que hicieron a uno de estos mis hermanos me lo hicieron a mí”. Pero este texto de Mateo se puede aplicar aún más profundamente a las obras de misericordia espirituales. Los espiritualmente empobrecidos se mueren de hambre de la Eucaristía y ustedes los dirigen hacia mí. Estaban sedientos de ser amados y ustedes los ayudaron a entender mi infinito amor por ellos en mi grito: “Tengo sed”.

 Nos dice el Padre Bede McGregor O.P. Director Espiritual del Concilium: en su debilidad humana y sus impurezas, habían perdido las esperanzas de ser perdonados y ustedes los trajeron a mí, en el Sacramento de la Divina Misericordia y el perdón. A los enfermos y a los moribundos, y a todos aquellos que están pasando todo tipo de sufrimiento físico y espiritual, que no se conformaron simplemente con verlos morir, en una muerte sin dolor, sino que rezaron con ellos y les ayudaron a encontrarse conmigo en un juicio de amor. Para los que se vieron así mismos como fracaso o sin ninguna utilidad para nadie, y llenos de soledad y abandono, los trajeron a mí y compartieron con ellos la alegría del Evangelio. Hay tantos desfavorecidos espiritual y humanamente; la miseria en las cárceles, hospitales mentales, residencias de ancianos y otros muchos tipos de instituciones y los trajeron a mí, por su presencia y amistad con ellos. No tenias miedo de hablarles de mí y de lo infinitamente importantes que son para mí, y lo que he hecho por ellos, para mostrarles mi amor. Ustedes están comprometidos con muchas obras de misericordia espirituales. Ustedes son bienvenidos a mi reino por toda la eternidad. El deseo de la salvación de las almas es el regalo más grande que le he dado a la Legión a petición de mi Madre y de la vuestra. Atesórenlo.

Continúa el Padre McGregor: Como probablemente habrán adivinado, he parafraseado en las distintas palabras, muchos de los párrafos del Manual y especialmente el capítulo 37 en el punto 6: “Obras para con los más miserables y rechazados de la población”. Dejarme citar algunos de los pasajes más fuertes del Manual: “Hasta la Legión en cualquier centro puede decir con verdad que sus miembros conocen personalmente, y están en contacto de alguna manera con cada uno de los miembros de las clases degradadas, su labor debe ser considerada como todavía en una etapa de desarrollo incompleto, y los esfuerzos en esta dirección deben intensificarse”.

“Ningún aventurero en busca de las cosas peregrinas y preciosas de la tierra, ha de perseguir el anhelo de su corazón con más afán que el legionario a estos desgraciados del mundo. Los esfuerzos del legionario son, tal vez para estos desamparados la única oportunidad de su vida eterna; la misma cárcel viene a serles una bendición disfrazada: tan inaccesibles se muestran frecuentemente a toda saludable influencia”, o sencillamente la difícil pregunta: “¿Cuál es el precio que un hombre pagará por su alma?”.

Ya hemos hablado de María en otras reuniones como la Madre de la Misericordia, pero me gustaría decir que, así como la misión de Jesús se define en términos de la salvación de los pecadores, también el corazón maternal de María se define como custodio y amoroso por la salvación de los pecadores. Como sabemos, la Virgen se ha aparecido en todo el mundo y cuando ella habla tiene el mismo mensaje en todos ellos: “Oren por los pecadores. Hagan penitencia por los pecadores. “Una de las oraciones preferidas por ella nos la enseña en Fátima: “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia”. Los más necesitados de la misericordia de Dios son en especial la preocupación de María y, por tanto, de la Legión. Por lo que la Legión reza un millón de veces cada día: “Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

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