Comentario Bíblico XXVII Domingo del Tiempo Ordinario / Ciclo C Auméntanos la fe

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Pbro. Julio César León Valero.- La fe resulta ser un concepto bíblico fundamental, el cual tiene una importancia en todo la historia de salvación plasmada en la Sagrada Escritura. Es evidente que un cristiano es esencialmente un creyente, es decir alguien que ha llegado a la fe, nos lo describe: Hch2,44; de igual forma 1 Tes1,7. En el A.T. el término fe se encuentra referenciado fundamentalmente a la respuesta que da Abraham a la petición de Dios de sacrificar el don maravilloso, que después de una larga espera le había hecho participe, su primogénito. La raíz hebrea de este término se contiene en el amén: es verdad, así es, así consta, y ésta a la vez se relaciona con los términos: afianzarse, firmeza, fiabilidad, en fin es refugiarse en Dios. Para el N.T. se designa a Jesús como el que inició y consumó la fe (Heb 12,2). Esta fe ha de ser exigente, por tanto ha de mover montañas (Mc 11,22), de igual forma todo es posible para quien cree (Mc 9,23).

En el texto de Lc 17,5-10 que nos presenta la liturgia de este domingo del tiempo ordinario nos muestra de forma tosca, como los discípulos le hacen a Jesús una petición vital: “Auméntanos la fe”, la cual quizás, evidenciaba que no contaban con suficiente fe para comprender muchas veces la novedad del mensaje propuesto por el maestro. De igual forma en otra ocasión le habían pedido: “Enséñanos a orar”. A medida que Jesús les descubre el proyecto de Dios y la tarea que les quiere encomendar, los discípulos sienten que no les basta la fe que viven desde niños para responder a su llamada. Necesitan una fe más robusta y vigorosa.

Han pasado ya más de veinte siglos de la historia desde la venida del Mesías y nosotros los seguidores de Jesús hemos vivido años de fidelidad al Evangelio y horas oscuras de deslealtad. Tiempos de fe recia, pero también de crisis e incertidumbre. Quizás es nuestro tiempo de hoy aplica a todos los bautizados interrogarnos ¿Resulta necesario pedir de nuevo al Señor que aumente nuestra fe?

Es evidente que sí, tan solo hace falta dar una mirada panorámica a todos los acontecimientos que vive y padece nuestra humanidad, por tanto, es urgente hacer la petición nuevamente al maestro: “Señor, auméntanos la fe”. Enséñanos que la fe no consiste en creer algo sino en creer en ti, Hijo encarnado de Dios, para abrirnos a tu Espíritu, dejarnos alcanzar por tu Palabra, aprender a vivir con tu estilo de vida y seguir de cerca tus pasos. Sólo tú eres quien inicia y consuma nuestra fe. Esto solo es posible en tu escuela de discipulado.

Auméntanos la fe. Danos una fe centrada en lo esencial, purificada de vicios y vanidades que se ha adherido a nosotros porque lo hemos permitido, y a la vez no ha distanciado del verdadero núcleo de tu Evangelio. Enséñanos a vivir en estos tiempos una fe, no fundada en superficialidades externas, sino en tu presencia viva en nuestros corazones y en nuestras comunidades creyentes.

Auméntanos la fe. Haznos vivir una relación más vital contigo, sabiendo que tú, nuestro Maestro y Señor, eres lo primero, lo mejor, lo más valioso y atractivo que tenemos en la Iglesia. Danos una fe contagiosa que nos oriente hacia una fase nueva de cristianismo, más fiel a tu Espíritu y tu trayectoria.

Auméntanos la fe. Haznos vivir identificados con tu proyecto del Reino de Dios, colaborando con realismo y convicción en hacer la vida más humana, como quiere el Padre. Ayúdanos a vivir humildemente nuestra fe con pasión por Dios y compasión por el ser humano, nuestro prójimo, sintiéndonos cercanos y misericordiosos como el Padre.

 

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