Auméntanos la Fe DOMINGO 27º – ORDINARIO – Ciclo “C”- (Texto: Lc 17: 5-10)

el_dia_del_se+¦or

Pbro. R. Ricardo Ramírez Sulbarán.- Este mes de octubre que estamos iniciando, de manera especial, se dedica a la actividad de evangelizar. Por eso, dentro del Jubileo de la Misericordia que la Iglesia está celebrando, recordemos hoy, parte del mensaje del Papa Francisco en relación con la “Jornada Mundial de las Misiones de este año 2016”.

EL GOZO DE ANUNCIAR A JESUCRISTO

    Con ese mensaje, el Papa sigue invitándonos a ver a la misión “ad gentes” como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material; en la que cada uno, con sus propios talentos y experiencia debe a llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. Dios, que se nos reveló en su misericordia (cf. Sal 144,8-9), por la acción del Espíritu Santo en Jesucristo, también nos invita a ser misericordiosos como lo fue su Hijo. Entonces, este domingo hagamos también presente, esta frase: “La belleza de creer y el gozo de anunciar a Jesucristo hoy”, que fue el lema del “Año de la Fe”  convocado por el Papa Benedicto XVI en el 2013.

UNA DEFINICIÓN DE LA FE

    Es que la verdadera fe, además de darnos seguridad y satisfacciones, nos ilumina para que todos los sacrificios que realicemos se conviertan  en frutos prodigiosos. Santos como el Cura de Ars, Francisco de Asís, Teresa de Calcuta y muchos otros hombres y mujeres que por vivir aun entre nosotros, no hacen parte del santoral, son muestra de ello. Es que solo cuando se tiene fe en algo o en alguien, nuestra disponibilidad para iniciar cualquier actividad buena, es admirable. Traigamos a nuestra memoria como ejemplos, todos los sacrificios de comprensión y de servicio que los miembros de una familia tienen que hacer para mantenerse unidos. También, las maravillas que otras personas humildes nos brindan, sólo porque tienen fe y aman a Dios. Por eso, desde las obras que realizan, la fe podría definirse como aquella “confianza ciega en el poder y la voluntad de Dios, nuestro Padre, dispuesto siempre a orientarnos en todo lo que es bueno”.

NUNCA DEBEMOS PERDER LA ESPERANZA

    Hermanos, en la 1ra. Lectura de hoy, vemos al profeta  Habacuc (años 622-612 a.C.) enfrentado  con  una  presencia del  mal  similar al  tiempo de violencia, luchas y desgracias que se vive muchos países. Eso lo llevó al extremo  de lamentarse, de dudar y de retar a Dios, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio?… ¿Por qué me dejas ver la injusticia y te quedas mirando la opresión? Y, la respuesta de Dios llegó insinuándole paciencia: “El malvado sucumbirá sin remedio; el justo en cambio, vivirá por su fe” (cf. Hab 1,2-3; 2,2-4). Por eso, aunque a veces seamos tentados por las contrariedades y las injusticias, nadie debe perder la esperanza. De Dios siempre vendrá el consuelo, la  fuerza y el valor suficiente para superarlas. 

FE Y VALENTÍA PARA EVANGELIZAR 

   Por eso, la fe, que es un regalo de Dios, debe ser testimoniada y compartida. Todo católico, según sus posibilidades debe promover y participar en las obras evangelizadoras de la Iglesia; comenzando por la familia, los amigos y vecinos. Ningún católico puede quedarse sólo con el Bautismo, la Primera Comunión y la Confirmación; tampoco, con la  piedad personal o la indiferencia.   Recordemos de la 2da lectura, el consejo que San Pablo da a Timoteo: “Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no te ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor… Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios… (2Tm 1,6ss).

AUMÉNTANOS LA FE”

      Hermanos, cada uno es responsable de su fe y de la fe del que tiene a su lado, pero nadie puede dar de lo que duda o no tiene. Esto lo sabían sus discípulos, por eso, reconociendo ciertas fallas, le suplicaron, diciendo: “Auméntanos la fe”. Y Jesús les respondió: “Si   tuvieran   fe  como   un  granito   de   mostaza, dirían a ese árbol que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’. Y les obedecería” (Lc 1,6). Y aunque esos portentos no sean lo más importante para el hombre de  fe, porque todo el mérito es de Dios, si podemos ser sus instrumentos visibles. Rogar a Dios pidiendo más fe, como los apóstoles, es muy importante;  pero nuestra religión y nuestro cristianismo no se mide ni se demuestra haciendo milagros; sino reconociendo y agradeciendo a Dios por todas las cosas buenas que día tras día, minuto a minuto, nos regala; a veces, sin merecerlo…  Lo que nos hace falta es la confianza inquebrantable en Dios, que puede mudar nuestros defectos, haciéndonos más humildes, más justos, más agradables y felices ante Dios y ante nuestros hermanos, los seres humanos. Así sea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *