“Estén preparados…”

padre-julio

XIX Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo C

 

Pbro. Julio César León Valero.-Muchas veces como seres humanos dejamos todo a la improvisación y no debería ser así. Una vez estando en la etapa de formación del Seminario un formador nos decía que para poder improvisar es necesario preparar con mucha antelación y de esa forma las cosas saldrán de lo mejor. El texto que nos presenta la liturgia del domingo XIX del tiempo ordinario es el de Lucas 12, 32-48, en él se muestra la invitación constante que Jesús pide a sus discípulos con la finalidad de prepararse para lo que está por ocurrir; aunque es evidente que el género literario utilizado por el autor sagrado deja vislumbrar que está escribiendo en una época distinta a la narración, deja entre ver los sucesos de persecución en la Iglesia Primitiva de los primeros siglos.

Para los judíos la preparación de las fiestas principales de la fe de Israel tenían todo un ritual muy bien organizado y requería una entrega exclusiva que implicaba la dedicación de un tiempo necesario, además de una serie de rituales que la ocasión lo ameritaba, estos preparativos constaban de los siguientes elementos: Lavarse las manos, ponerse vestidos de fiesta, encender la lámpara, repique de campana, entre otros elementos.

Lo primero que llama la atención son las palabras que utiliza Jesús para describir a quienes serán sujeto de la llamada a seguirle y a participar del Reino de Dios, les llama “Mi pequeño rebaño”. Jesús mira con ternura inmensa a su pequeño grupo de seguidores. Son pocos. Tienen vocación de minoría, por lo tanto no han de pensar en grandezas. Así los imagina Jesús siempre: como un poco de levadura oculto en la masa, una pequeña luz en medio de la oscuridad, un puñado de sal para poner sabor a la vida.

La nueva pascua ofertada por Jesús en su venida al mundo ha de ser consolidada con la venida del reino de Dios, esta exige de una preparación que requiere de varios elementos que podemos agrupar de la siguiente manera: Un desprendimiento total de los bienes materiales, la austeridad debe caracterizar al discípulo misionero; en segundo lugar estar alerta a ejemplo de los amigos del novio que aguardan a que llegue éste para entrar a la boda; en un tercer momento debemos tener la misma actitud del administrador fiel que llevó a cabo la labor encomendada por su Señor, cuando llegue lo premiará.

Es evidente que la preparación del discípulo al seguimiento de Jesús ha de hacerse desde los requerimientos del maestro: Sin aferramiento a los elementos materiales que ofrece el mundo, reconociendo con humildad y sencillez que somos instrumentos de la gracia de Dios y el verdadero discípulo se reconoce una oveja más del pequeño rebaño de Israel y por último debe ser luz que ilumina su vida y la de los demás.

La Iglesia es de todos y la hemos de hacer entre todos: Laicos, religiosos y presbíteros, hombres y mujeres, todos formamos un único Pueblo de Dios. Compartimos la misma fe, hemos recibido el mismo bautismo, tenemos al mismo Señor y nos apoyamos en su promesa. Todos hemos de escuchar de él una llamada a estar atentos, preparados y ser creativos, sin quedamos en la comodidad pasiva del que se desentiende: “tengan la cintura ceñida y la lámpara encendida” en una palabra estén preparados.

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