“Solo una cosa es necesaria…”

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Pbro. Julio César León Valero.– Que difícil resulta, para los primeros cristianos, reconocer que todos somos participes de la gracia de Dios y que es necesario sumar y no restar, ni mucho menos dividir. Cuando seamos conscientes de esta realidad, podemos ser realmente libres, para ser testigos visibles del amor y la misericordia de Dios. El texto de Lucas que vamos a meditar este domingo, es: 10, 38-42. En esta perícopa, se ve reflejado los fuertes enfrentamientos entre grupos de cristianos de la iglesia primitiva en el servicio litúrgico y la escucha de la palabra. Aparentemente, el servicio activo de caridad, parece que es lo importante y podemos caer en el equívoco, de restarle importancia a la escucha del mensaje de la Palabra de Dios. Tratemos de descubrir la solución que Jesús a esta situación de conflictos.

Mientras el grupo de discípulos sigue su camino, Jesús entra en una aldea. Posiblemente sea Betania, un lugar cercano a Jerusalén y se dirige a una casa de una familia amiga, que la quiere mucho. La presencia de su amigo Jesús, va a provocar en las mujeres, dos reacciones muy diferentes. Posiblemente, ambas respuestas, representan dos actitudes de dos grupos divididos, en el seno de la comunidad cristiana de la iglesia primitiva.

María, seguramente la hermana más joven, representa el primer grupo. Ella lo deja todo y se queda “sentada a los pies del Señor”. Su única preocupación, es escucharle. El evangelista, la describe con los rasgos que caracterizan al verdadero discípulo: a los pies del Maestro, atenta a su voz, acogiendo su Palabra y alimentándose de su enseñanza.

El segundo grupo se encuentra representado por su hermana Marta, ella es diferente. Desde que ha llegado Jesús, no hace sino desvivirse por acogerlo y atenderlo debidamente. Lucas, la describe agobiada por múltiples ocupaciones. Desbordada por la situación y dolida con su hermana, expone su queja a Jesús: “Señor: ¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano”.

Jesús no pierde la paz. Responde a Marta con un gran cariño, repitiendo despacio su nombre; luego, le hace ver que también a Él, le preocupa su agobio, pero ha de saber que escucharle a él, es tan esencial y necesario, que a ningún discípulo se le ha de dejar sin su Palabra: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”. Jesús no critica el servicio de Marta. ¿Cómo lo va a hacer si él mismo está enseñando a todos con su ejemplo a vivir acogiendo, sirviendo y ayudando a los demás? Lo que critica es, su modo de trabajar de manera nerviosa, bajo la presión de demasiadas ocupaciones.

Jesús, no contrapone la vida activa y la contemplativa, ni la escucha fiel de su Palabra y el compromiso de vivir su estilo de entrega a los demás. Alerta más bien, el peligro de vivir absorbidos, por un exceso de actividad, en agitación interior permanente, apagando en nosotros el Espíritu, contagiando nerviosismo y agobio, más que paz y amor.

Cuantas veces nosotros, los cristianos, nos habituamos al obrar al activismo, al servicio externo, pero olvidamos lo más importante en nuestro camino de fe: la escucha atenta de la palabra de Dios. Sólo en ella, es donde podemos encontrar la fortaleza en nuestro caminar, para seguir trabajando y luchando por un mundo mejor. Hoy más que nunca, nuestra realidad histórica, de manera especial, la que vivimos en nuestras comunidades parroquiales, están urgidas de testigos más que funcionarios, agobiados por el activismo, que irradien el aliento y vida de su Maestro.

 

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