3er Domingo de Cuaresma “El celo por tu casa me ha consumido”

padre-julio

Esta expresión sagrada para el pueblo de Israel, que encontramos en el libro de los Salmos 69, 9, entendemos, en cierto modo, la necesidad de respeto espiritual que debía caracterizar al judío devoto. El amor por el templo, lugar donde habita la presencia de Dios, era ferviente. Este espacio sagrado, era punto de referencia para la fe de Israel, allí era donde se encontraba el “debir”, el santo de los santos, la morada de Dios.

Las autoridades religiosas, habían perdido las perspectivas sagradas y habían convertido el verdadero culto a Dios, en un ritualismo de apariencia externa. Habían olvidado el verdadero culto a Dios en espíritu y verdad (Jn 4, 24). Fue tan descomunal la pérdida del sentido sagrado del templo, que en tiempo de Jesús, llegó a ser el centro financiero más importante del país.

Las máximas autoridades del templo, eran cuatro sacerdotes de la alta aristocracia sacerdotal: El Sumo Sacerdote, su Vicario, el Guardián o Encargado de Llaves y el Tesorero. Los cuatro gozaban de todo tipo de privilegio y ellos se lucraban acosta del mismo templo. Era el principal centro de peregrinación de los judíos, en especial para los que se encontraban lejos de palestina, por tanto muchos guardaban allí sus tesoros.

Fue tan grande la actividad económica, que el mismo templo acuñaba su propia moneda, pues no se podía aceptar en el lugar santo monedas que llevaran imágenes de reyes, emperadores u otros personajes. Entre otras cosas por los sacrificios rituales de animales, para expiación de los pecados, se instaló junto al templo una feria de ganado, bajo el control del Sumo Sacerdote.

Para Jesús fue difícil aceptar este panorama, el cual era todo lo contrario a lo que Dios quería. Jesús nos muestra una imagen de Dios humilde y sencillo, cercano a los débiles y los pecadores, que vino a rescatar a su pueblo de los pecados. Fundamentalmente, este texto y la actitud de Jesús que en este episodio se describe, es una especie de consagración del templo por parte de Jesús, al estilo de los rituales antiguos que realizaba el pueblo de Israel con motivo de un acontecimiento excepcional. Consagrar el templo implicaba el comienzo de una nueva etapa para el pueblo.

Para nosotros lo cristianos, tiene el mismo sentido simbólico ya que representa la necesidad que existe en nosotros, de dejar que Jesús venga a nuestras vidas a purificar nuestros templos vivos, que a causa del pecado lo hemos llenado de tantas cosas y hemos olvidados que el huésped más importante que debe vivir en nuestro templo, es Jesús, nuestra pascua y nuestra salvación.

Pbro. Julio César León Valero