DOMINGO 3º – CUARESMA – Ciclo B – (Texto: Jn 2,13-25)  “EL CELO POR TU CASA ME DEVORA”

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     El domingo pasado Dios-Padre nos aconsejaba escuchar siempre a su Hijo amado, a Jesucristo (Mc 9, 7); pero la mayoría nos hacemos los sordos porque tal vez, basados en una supuesta libertad, la Palabra de Dios, contradice muchos de nuestros intereses y caprichos. De la Palabra de Dios de este tercer domingo de Cuaresma, analizaremos estas tres ideas importantísimas para  todos: La Ley, la Cruz y la Oración.

LA LEY, LA CRUZ Y LA ORACIÓN

1.- La Ley: La 1ra. Lectura nos habla del Decálogo o diez Mandamientos, es decir, de los derechos y obligaciones que conforman la base de la unidad moral y religiosa del pueblo hebreo y de los cristianos. En esos Mandamientos predomina la palabra “NO”. No tendrás otros dioses fuera de mí, ni te harás imágenes para postrarte ante ellos, no harás mal uso de su nombre, no trabajarás el día del Señor, no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no codiciarás los bienes ajenos ni la mujer de tu prójimo, honra a tu padre y a tu madre. Como vemos, la mayoría son prohibiciones y, aunque nuestro Dios, pareciera revelársenos muy rápido para castigar la maldad de los que lo aborrecen en los hijos hasta la tercera y cuarta generación. También, se nos  revela sensible y misericordioso hasta la milésima generación de todos los que le aman y cumplen sus mandamientos” (Gn 20,3-6).

2.- La Cruz: Lo que para los paganos había sido locura, bobería e impotencia y para los judíos vergüenza y escándalo; para los cristianos terminó siendo victoria y orgullo (1Cor 1, 23). Jesús clavado y muerto en ella, al principio podría parecer una vaga respuesta de Dios a las esperanzas de la humanidad. Sin embargo, después de haber sido sepultado, al tercer día resucitó (venció a la muerte), abriendo así la esperanza de un  destino glorioso para todos. Por eso, lejos de la lógica del mundo, los cristianos de fe, vemos en la cruz el amor del Hijo y la misericordiosa sabiduría de Dios – Padre.

3.- La Oración: Ese acto de elevarnos mentalmente a Dios para agradecerle, para bendecirle o para pedirle algo de manera individual o comunitaria, como lo hacemos en familia o aquí en la iglesia al participar diariamente de la Eucaristía, o Santa Misa, después de una semana de trabajo, de  luchas y mortificaciones,  siempre    va     proporcionarnos    la    gracia  de ser escuchados y consolados. Es que Dios siempre está dispuesto a animarnos y bendecirnos en todas nuestras buenas acciones.

¿JESÚS PACÍFICO O VIOLENTO?

     Más adelante, el Evangelio, contrario a la imagen pacífica del Señor, siempre dispuesto a colocar la otra mejilla y responder humildemente mientras lo golpean y lo insultan, hoy nos lo presenta violento y rechazando aquellas prácticas comerciales que habían sido instituidas por ley en el templo. Dice el texto, que ya próxima la fiesta de Pascua, Jesús fue al templo y cuando vio a los vendedores de animales destinados al sacrificio y a los cambistas allí, volcó sus mesas y haciendo un látigo de cordeles, los echó fuera con sus ovejas, bueyes y palomas, diciéndoles: que no convirtieran en un mercado la casa de su Padre (Jn 2, 13-16). ¿Qué podríamos decir hoy, del interés económico que algunas personas presentan en ocasión de una fiesta patronal o de algún otro santo?

¿POR QUÉ ACTUARIA JESÚS ASÍ?

    Probablemente Jesús actuó así, como un signo de su próxima purificación mesiánica y aquella prohibición: “No tendrás otros dioses fuera de mí” (Ex 20, 3). También, esta referencia  del profeta Zacarías respecto a la profanación del templo: “No habrá aquél día mercaderes en la casa de Yahvé de los ejércitos” (Zac 14, 21). Y esta otra: “El celo de tu casa me devora” (Sal 68, 9). Todas ellas, provocarían en Jesús, el deseo de devolverle al templo la dignidad de un lugar de oración y culto a Dios. Y cuando por declararse a sí mismo, como la verdadera y única víctima a ofrecerse en sacrificio, le preguntaron: ¿Cuál era su autoridad para hacer eso? Él, refiriéndose a sí mismo, dijo: “Destruyan este templo y en tres día lo reconstruiré de nuevo”. El recuerdo de esa frase el día de la resurrección, hizo que sus discípulos creyeran en la Escritura y en lo que el Señor había dicho aquel día (Jn 2, 18-22).

LA CASA DE ORACIÓN POR EXCELENCIA

    Finalmente, no olvidemos en este camino cuaresmal, que Jesús quiere purificar nuestra relación con Dios. Si en el Antiguo Testamento y para los judíos, el lugar de encuentro con Dios era el templo, a partir del Nuevo Testamento, el Cuerpo de Cristo resucitado y no  cualquier cosa material, es el nuevo Templo indestructible de Dios. Y aunque a  Dios, se le puede dar culto en espíritu y verdad en cualquier parte, para el católico no hay sitio más fecundo y provechoso que la Eucaristía compartida en familia y en las casas de oración por excelencia, que son nuestras iglesias. Así sea.-