El poder de una actitud entusiasta

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“En plena Edad Media un peregrino vio en París a tres pobladores laborando con grandes bloques de piedra. -¿Qué están haciendo? – les preguntó. –Cortando piedra – dijo con indiferencia uno de ellos. – Ganándome unos francos – repuso secamente el segundo. El tercero suspendió su labor por un momento y con una gran sonrisa y marcado entusiasmo respondió. –Estoy construyendo una hermosa y espectacular catedral que va a ser la más importante de toda la región.”

Ciertamente, cuando una persona se siente entusiasta, se olvida de sus pesares y de sus preocupaciones, tiene más energía vital y se siente capaz de superar los obstáculos y la dificultad. El entusiasmo nos inspira, nos da fuerza y motivación, y nos impulsa a realizar cosas. Así que en vez de perder tiempo en quejas, sonríe, y vive más bien alegre y agradecido de Dios y de la vida. La alegría despierta alegría.

Que en este tiempo de Adviento en preparación para la Navidad, caminemos en la luz de Cristo y despertemos a la hermosa presencia de Dios con total regocijo. La sonrisa es, muchas veces, el mejor acto de caridad y de cariño que podemos ofrecer a una persona en esta Navidad. San Pablo nos lo recuerda con este mandato: “Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres…El Señor está cerca” (Flp 4, 4-5).

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