¿Qué hay en mi corazón?

buena nueva

“Andrés era aprendiz en una joyería de París. Hace años, la gente aprendía un oficio trabajando con un artesano hasta que era capaz de independizarse y empezar su propio negocio. Por alguna razón, Andrés estaba resentido con el perro guardián del propietario, un enorme pastor de Terranova que se llamaba Malakoff.

Un día, después del trabajo, a Andrés y sus amigos se les ocurrió la manera de deshacerse del perro. Sacaron a Malakoff de la tienda y se lo llevaron a la orilla del río. Alguien encontró una piedra muy grande. La ataron al cuello del perro y lo arrojaron al agua. Malakoff se debatió con todas sus fuerzas para no hundirse. Arrastrando la piedra tras él nadó hasta la orilla.

Ya casi había llegado cuando escuchó el ruido de alguien que se zambullía. Era Andrés, que había perdido el equilibrio y había caído en el mismo río en que había arrojado a Malakoff. Andrés no sabía nadar y se hundía con rapidez. Malakoff, que todavía arrastraba la pesada piedra, dio la vuelta y nadó hacia su agresor. Andrés estiró una mano y se agarró del perro.

Malakoff se debatía para mantenerse a flote con Andrés hasta que los amigos de Andrés pudieron sacarlos del agua. Una vez estuvieron seguros en la orilla, Andrés abrazó al perro y se puso a llorar, pidiéndole perdón por lo que había hecho.

La historia del valiente perro se esparció por todo París. Años después, cuando el perro murió, casi todos los aprendices de la ciudad acudieron al cortejo fúnebre”.

Declaró Confucio: «Pagar el mal con el bien es la marca del generoso». Cuando alguien hace algo que nos duele, nuestra primera reacción es devolver el daño que nos causó. Pero nada duele tanto a un enemigo como devolver una agresión con una muestra de amabilidad inesperada. La amabilidad no es muestra de debilidad. Es la prueba de que hemos aprendido a hacer lo que es correcto pase lo que pase.

 Dice el Señor: “Cada árbol por su fruto se conoce. Porque loshombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarza. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca. (Lucas 6,45)…“Mara, una joven muy pobre iba a cumplir 15 años y decidió festejarlo e invitar a sus compañeros del colegio. Para esto ahorro dinero por mucho tiempo. Al enterarse sus amigos de la fiesta, decidieron hacerle una broma. Dentro del grupo estaba Pedrito, el líder,  era el que se divertía mofándose de todos. Les dijo que se encargaría personalmente de preparar el regalo.

Lleno una caja muy bonita con basura y desperdicios mal olientes, la envolvió con papel dorado, le puso un gran moño y una tarjeta con agradables palabras. Llegó la hora del brindis, le cantaron el Feliz Cumpleaños y fue el momento que Pedrito en representación de todos le entrego el regalo.

Mara, que estaba disfrutando la fiesta de una manera increíble, abrió la caja con ilusión delante de los presentes, entonces se encontró con la gran sorpresa. Pedrito y sus compinches se rieron y se burlaron haciendo comentarios desagradables y humillantes.

Sin desdibujarse la sonrisa de su cara, Mara le pidió a Pedrito que la esperara un momento. Ella se retiró por unos minutos de la fiesta, tiro la basura, limpio la caja, la lleno de flores y la envolvió con el mismo papel. Al entrar al salón, todos se quedaron sorprendidos de su actitud.

Fue al encuentro de Pedrito, con mucho cariño y dulzura le dijo: -Este es mi regalo para ti. Expectantes y en silencio los presentes, pensaron que la devolución de la broma iba a ser más pesada. Este con manos temblorosas, abrió la caja y para su sorpresa, le preguntó: -¿Qué significa esto? A lo que ella le contesto: «Cada uno da lo que tiene en su corazón»

Estas historias, nos deben hacer reflexionar  y preguntarnos precisamente eso: ¿Que hay en mi corazón: basura o flores? Si hay violencia… rechazo… odio… rencor… envidia… resentimientos  Entonces nuestro interior está lleno de basura. Si por el contrario, sentimos amor por la vida  y por la de los demás, si tenemos buenos sentimientos y nos ocupamos de ayudar y consolar a los que sufren, entonces sin dudas nuestro corazón es un jardín donde crecen flores para alegrar la existencia de quienes las miren.

Según como actuemos con los demás, eso se nos devolverá, por lo tanto, debemos  tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros. Decía Buda: «Al que me hace daño le devolveré la protección de mi gustoso amor; cuanto más mal es el que me haga, mayor bien es el que le haré».

Devolver mal por bien, es actuar como Satanás, Devolver mal por mal, es actuar como las bestias, Devolver bien por bien, es actuar como los hombres, Devolver bien por mal, es actuar como un hijo de Dios…  Recordemos, que lo que hagamos a los demás nos representa a nosotros mismos, los regalos o las obras que hacemos son parte de nuestro ser, son nuestros mensajeros, llevan nuestros afectos, nuestra voz, llevan nuestro corazón dentro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *