No tengamos miedo de pedir ayuda

buena nueva

“Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada. El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.

– “¿Has empleado todas tus fuerzas?”, le preguntó el padre.

– “Sí”, respondió el niño.

– “No”, replicó el padre. “Aún no me has pedido que te ayude”.

   Cuantas veces, nos sucede lo mismo a nosotros, sudamos, nos reventamos, perdemos la paciencia, estallamos en cólera… cuando no podemos hacer algo que es importante para nosotros, y lo que es peor aún, terminamos tirando la toalla, rindiéndonos ante aquello que no pudimos hacer, simplemente, porque no supimos pedir ayuda, no confiamos en la bondad infinita de Dios, que se hace patente en los demás, ¡sí, Señor! En nuestro prójimo.

Los seres humanos no estamos hechos para conquistar la vida de forma particular. Pedir ayuda no debe ser un motivo para sentir que nos estamos humillando ante los demás, al contrario, es un motivo que les estamos dando, para que sientan que son instrumentos del señor, para aliviar las necesidades de aquellos que nos están pidiendo ayuda.

Recordemos que no tenemos el don de Dios, de ser omniscientes, es decir, de conocer los pensamientos de los demás, a duras penas podemos dominar los nuestros, pero, cada quien si tiene caridad, y ese don, si podemos hacer que crezca dentro de nosotros y ponerlo en práctica, cuando lo utilizamos no en nosotros mismos, sino en los que nos necesitan.

No todos somos conocedores de la verdad, debemos tomar conciencia de que nosotros por sí mismos, no tenemos todas las respuestas, ni somos propietarios de todos los talentos ni de todas las habilidades, y por ende, física o intelectualmente, estamos limitados.

Así sea que esté aprendiendo a manejar un programa de computadora, moviendo un pesado mueble de la casa, o luchando con un problema de trabajo, la mayoría de las situaciones requieren pedir ayuda… sino veamos el ejemplo de El Llanero Solitario, no tenía nombre. Pero no era tan solitario. No venció a los chicos malos o escapó del peligro solo. Tenía la ayuda de su leal amigo, Toro, sin mencionar a su confiable caballo, Silver.

Casi siempre es por orgullo, por miedo a la respuesta, o porque, muy en el fondo, no nos sentimos merecedores de la atención de los demás. Porque detrás de cada petición, aguarda una emoción, una expectativa… y tenemos miedo a sentirnos defraudad@s, y como ejemplo podemos citar las respuestas que casi la mayoría de las personas dan cuando se presenta un problema serio, a la siguiente pregunta:”¿a quién puedes pedir ayuda?Y casi la mayoría de las veces la respuesta es: “A nadie, no quiero deberle favores a nadie porque la gente no hace un favor sin esperar algo a cambio”… cabe preguntarnos cada uno de nosotros, ¿Cuando hacemos un favor, esperamos algo a cambio?… Cuál será la respuesta o el silencio se hará presente.

No nos callemos cuando necesitemos algo, sea una necesidad o expresar un deseo, no nos neguemos el derecho a pedir ayuda. Tenemos el concepto erróneo de que pedir es para los débiles y para los que no saben resolver su propia vida. Recordemos que es una necesidad normal, sea de origen físico, emocional, financiero o técnico. Puede tomar tiempo encontrar al consejero correcto, al amigo, al compañero, o miembro de la familia, pero pidamos auxilio cuando lo necesitemos, eso no es indicio de debilidad, al contrario es signo de madurez, y nos puede ayudar a realizar los cambios que necesitamos en nuestra forma de vivir, de pensar, de trabajar.

No tengamos miedo de buscar ayuda cuando la necesitemos, y una negativa será siempre mejor que quedarnos con la duda de qué habría pasado si se hubiese pedido ayuda… Y recordemos siempre, que la persona en la que usted busca ayuda hoy, podría ser la que necesite su experiencia, guía, o soporte moral en algún momento de la vida.

Todo amor va tomado de la mano con el dolor. Estamos hechos para amar y perdonar, el amor es sabiduría que brota del dolor y del sacrificio, quien ama sufre, eso es inevitable, pero este dolor es un dolor diferente. Un dolor que nos fortalece, un dolor que al final nos enseña a amar de verdad, nos abre los ojos al mundo y nos da un sentido a la vida sin que nos demos cuenta.

Por eso, simplifiquemos nuestra vida. Sólo compartiendo con otros, uniremos nuestras fuerzas, y resolveremos nuestros problemas, fácilmente. Si no sale a la primera, será a la segunda, a la tercera, o cuando tenga que ser. Pero será. Vivamos en sociedad, compartiendo nuestros problemas, nuestras inquietudes y nuestros sueños: pedir, ofrecer, alegrarse, llorar, imaginar, luchar… ésa es la vida. Todos pasamos por lo mismo.