Amor en el Dolor

buena nueva

 

Dios susurra y habla a la conciencia a través del placer pero le grita mediante el dolor: el dolor es su megáfono para despertar a un mundo adormecido”. (C.S.L.). Una de las expresiones más más bellas  del amor, es cuando se hace presente en el dolor o en esos momentos que muchas veces por vicisitudes de la vida nos toca vivir, sea una enfermedad o la pérdida de un ser querido, un accidente, problemas financieros, desempleo, pobreza, en fin, tantas cosas que como seres humanos nos toca enfrentar,

Justamente, es en esos momentos difíciles cuando se pone a prueba nuestra fortaleza, en que necesitamos que las personas que están a nuestro lado sean parientes, amig@s, espos@, compañer@s de trabajo, nos demuestren hasta qué grado es el amor que dicen sentir por nosotros. El amor sin dolor nos es amor, el amor brota del sacrificio, de la entrega, de querer acompañar y ayudar en todo momento, en sus momentos buenos y malos, a las personas que amamos.

Con respecto a este tema, hace poco tiempo, vi que estaban pasando en uno de los canales de TV por cable, un especial de personas que tenían enfermedades raras, como distintos tipos de cáncer o malformaciones genéticas, de esas que aún la ciencia con todo y lo avanzada que está, no ha logrado descubrir la cura, y entre todos los casos que presentaban, me llamo mucho la atención el caso de un señor que sufrió de un cáncer en su nariz, y  para poder sobrevivir, le quitaron casi todo los huesos de su rostro, lo que le quedó en buen estado, fueron sus ojos y sus labios.

Donde estaba la nariz  le quedo un hueco horrible, primero, le pusieron una prótesis, pero ésta le causo una infección que casi lo mata,  pero él siguió adelante, aguantando las miradas y la burla de algunas personas, al final del programa, le pusieron una segunda prótesis, que lo hizo vez más humano. Pero, aparte de su lucha por la vida,  lo que más me gustó, fue el apoyo incondicional de su esposa, cuidándolo, haciéndole sentir que verdaderamente era amado en su dolor, con ese amor divino, que no tiene nada que ver con la atracción por la belleza o el sexo opuesto, al que nosotros llamamos amor, sino con el amor que acompaña, que anima, que sana, que alienta a la lucha por la vida.

El amor de Dios nos da una misión, demostrar con obras y no con buenas razones qué hemos venido al mundopor amor y para dar amor. Esa es la razón de ser de la vida. Dar amor tiene una señal muy clara: Ayudar al que no tiene, perdonar al pecador, acompañar al que está solo. Ser sembradores de paz y alegría.

Dice San Agustín de Hipona: “La medida del amor es amar sin medida”, en las buenas y en las malas, debemos demostrar que el amor que decimos sentir por ese alguien que está a nuestro lado, que es nuestro prójimo, es verdadero, es a toda prueba, y en los momentos más dolorosos, es cuando la demostración del verdadero amor se hace más  patente, y esto me recuerda un hermoso cuento africano que pongo a continuación, y que nos puede ayudar a reflexionar sobre cómo debe ser la magnitud del amor. “En el mundo indígena, uno de los principios que constituyen el universo es el dolor. Sin embargo los ojos de ese pueblo penetran en esta realidad sin miedo y la transforman en algo sublime.

Un guerrero miró a su hija recién nacida. Tan hermosa le parecía que no encontraba un nombre apropiado para ella. Todos le sabían a poco. Al fin decidió buscar lo más valioso del mundo y tomarlo como nombre para su primogénita.

Salió muy temprano, cuando aún era oscuro y pensó “Podría llamarla: Silencio, pues es hermosísimo”… pero comenzó el amanecer y el guerrero detuvo sus pasos y dijo: “No, la llamaré: Aurora”.

Decidió caminar unas millas más y el día avanzaba mientras a lo largo de su camino el guerrero pensaba en llamar a su hija: “Luz, nieve, Flor, Cielo…”

Y así recorrió grandes distancias y consultó a muchos hombres instruidos, hasta que finalmente encontró al más sabio de los hombres, que le dijo:

– Tras esta montaña encontrarás a un pastor muy sencillo. Acércate a su casa, espera allí y verás lo más valioso del mundo…

Apostado junto a unas rocas el guerrero esperó el momento fijando su mirada en la entrada de la casa. Al cabo de unos momentos se abrió la puerta y apareció una niña. El guerrero sintió un escalofrío. La pequeña estaba cubierta de lepra.

En unos instantes, tras la curva del camino, se escuchó la voz del pastor llamando a su hija. El guerrero vio cómo padre e hija se abrazaban y cubrían de besos. Y así, volviendo a su casa con lágrimas en los ojos, se dijo: – La llamaré Heoma-nae-sán  que quiere decir “amor en el dolor”.

El amor con dolor, no es amor, dicen muchos, tal vez, porque estamos viviendo en un  mundo que no acepta el dolor como la esencia de la vida, un mundo materialista y superficial, un mundo individualista un mundo que sólo se preocupa de sí mismo y no de los demás. Hoy se pueden obtener títulos sin estudiar, cosas sin pagar y hasta hijos sin engendrar, pero todos sabemos que el placer no es el mismo.

Podemos correr en la vida huyendo del dolor, pero estaríamos eliminando el sano placer que viene del mismo, sino, reflexionemos un momento que sería de un deportista que para no  experimentar el dolor en sus músculos, no se ejercitará, sería un  ¡Fracaso total! Y jamás conocerá el placer de la victoria.

Recordemos siempre, “No hay amor sin dolor. No hay amor sin cruz” y el ejemplo más grande, nos los daJesús, que nos amó de tal manera que terminó por ese amor clavado en la Cruz del Calvario por nosotros.

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